Últimamente no paro de darle vueltas a una idea que Eduard Punset escribió en uno de sus libros y suele repetir algunas veces en conferencias... la importancia de desaprender.
En una sociedad saturada de información (hecho que propician las nuevas tecnologías) tenemos que desaprender ciertas estructuras y formas de operar del pasado para poder sacar partido a todas las posibilidades que están surgiendo en estos días y las que vendrán. También desaprender informaciones erróneas, malintencionadas, inventadas y sin fundamento que hemos proclamado como verdades absolutas en las últimas décadas.
Creo que aún mucha gente se resiste a hacer este ejercicio tan sano y no aceptan el hecho de que a veces nos encontramos ante dos caminos: reinventarnos o morir. Y llegado a este punto hay que apostar por una cosa o por la otra si realmente queremos avanzar y no quedarnos estancados aplicando parches o remiendos a través de fórmulas que sabemos que no se pueden sostener a largo plazo y que surgen de la desesperación más que de las ganas de progresar.
Desaprender es desintoxicar nuestra mente, desechar ciertas ideas erróneas que tan cómodamente hemos instalado en nuestra cabeza, han sido impuestas o hemos interiorizado sin ni siquiera cuestionar.
¿Por qué nos cuesta tanto reconocer que a veces estamos equivocados intentando adaptar por la fuerza modelos de trabajo, comportamiento, educación, relacionales... que en el fondo sabemos que no nos llevan a ningún sitio?
Desaprender es el primer paso para reinventarnos y volver a aprender. Pero para ello hay que estar dispuesto a dejar ciertas cosas morir, dejar ir ciertos prejuicios... reconocer que quizás no era ese el camino, dar incluso marcha atrás si es necesario y asumir las consecuencias sin lamentaciones. Aferrarnos a ellas significa a veces perder un tiempo muy valioso que nadie puede recuperar.
Mi novela, ELLA RÍE CON PALABRAS
Hace 1 año