Ayer comentaba con un amigo lo importante que es el trabajo en equipo y lo difícil que es encontrar un entorno laboral donde realmente exista, con compañeros de verdad, no de los que dicen serlo y demuestran lo contrario.
Para aquellos que queremos dedicarnos a la comunicación (y que nos apasiona) en cualquiera de sus ámbitos esto supone una necesidad, porque es eso precisamente,
comunicación lo que hace falta entre compañeros para que las cosas funcionen.
Y nos sentimos muy mal y estamos muy incómodos en ambientes de trabajo donde respiramos competitividad agresiva individualista y, en muchos casos, rastrera. Esto nos ahoga.
Copio unas palabras de
Juanma Regos en El País:
"
Todo se corroe, empezando por el carácter, cuando se pierde el sentido del equipo humano. Y eso es lo que pasó aquí. Yo vi venir esa peste en España hacia mediados de los noventa. El estilo tiburón. La falta de escrúpulos. Lamer culos arriba. Exprimir a los de abajo. Se habla poco de eso, pero una de las causas fundamentales de la crisis está ahí, en la devaluación del trabajo y la desigualdad abismal de rentas."
Y en esas estamos... los jóvenes de hoy nos estamos tragando esa peste y la detestamos. Pero, por lo que presiento a mi alrededor, tenemos recursos suficientes para combatirla. Sólo espero que conforme pase el tiempo no nos relajemos y adoptemos el estilo
tiburón que estamos mamando desde el principio, porque para algunos no hay nada más fácil que dejarse llevar y repetir una y otra vez los mismos patrones de conducta de nuestros compañeritos, aquellos de los que estamos aprendiendo, sobre todo, lo que
no hay que hacer y cómo
no actuar.
Me enorgullece que haya gente que no se permita a sí misma ni lamer culos ni exprimir o machacar al de al lado y necesite escuchar y ser escuchado por los demás, aquellos que disfrutan de verdad trabajando en equipo. Quizás algunos digan que este tipo de personas son minoría, pero yo tengo la suerte de conocer a varias, eso sí, ninguna en mi actual entorno de trabajo por desgracia. Junto a ellas emprendería cualquier proyecto porque tengo claro que, aunque nada ni nadie nos pueda garantizar el éxito, el riesgo merecería la pena a su lado.
Por favor,
no perdamos el sentido del equipo humano.